¡Bienvenido!

"Siente el océano de sombras, escucha las melodías del viento, y deja que el arrullo de las estrellas te envuelva con su manto de misterio."

lunes, 14 de noviembre de 2011

My lady


Nunca dejaré que te arranquen de mi piel
es una promesa que grito hacia dentro
en mis profundidades.
Nadie me puede escuchar, es un secreto
una luz que brilla, pero que sólo yo veo
cuando cierro los ojos.



Eres virtud, vestida de negra seda.
Ese refugio gris, donde las almas encuentran refugio
más allá del mundo, de lo espacial.

Es allí donde yo te buscaré, querida dama...

Tu recuerdo será mi bastón
cuando a mí llegue la triste hora oscura.
Entonces, ya en mi ocaso
tomaré tu mano
Y una sonrisa bastará...
Recorreremos senderos
bañados de tu dulce eternidad.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Bad Dreams II


Es muy frío este cuarto, muy oscuro. Intento en vano encontrar en el aire la cuerda del interruptor de la luz. Tropiezo repetidas veces con varios muebles, mis ojos no se adaptan a los minúsculos fotones, acabo de entrar a la sala y me siento algo desorientada. ¡Al fin!... pero… ¡mierda!  No sirve, el bombillo se debe haber fundido. Doy tumbos por la sala hasta encontrar el largo pasillo. Cuando voy saliendo de la sala, caminando un poco a prisa por el frío tan brutal, algo en el piso me hace resbalar y caerme de culo. ¡Malditos niñitos! Dejan el desorden, ¡¡¡no saben ni comer!!! Mañana lo limpiaré, qué desastre debe ser esto con luz… hasta huele raro. Mi estómago ahora está descompuesto, ¡como para acabarla!
Tocando la pared me abro paso hasta el patio, oscuro también, donde está mi habitación. Es una casa grande, de una planta, compartida, pero hoy no hay nadie. La señora Cecilia se iba con su par de engendros al paseo anual de fin de año. Donde quiera que estén, deben estar mejor que aquí. A decir verdad, me agrada esta soledad, lo que no me gusta mucho es que ni el bombillo de mi habitación funcione.  ¡Puf!  Nada que hacer, sin luz en esta jodida casa, mejor me acuesto a dormir, además, ya son las 11.  Me desnudo, y me echo encima una cobija, hasta aquí llegó mi noche.
Doy vueltas en la cama, ninguna posición es lo suficientemente placentera, me duele horriblemente la espalda, ha sido un día duro. El trabajo, la universidad, mi maldita jefe que no sirve para nada… mientras intento dormir tengo fantasías asesinas, pero esos pensamientos pronto se disipan, porque luego está este tipo que me encanta del trabajo, tiene unos labios tan provocativos, y el trasero ni se diga, que nalgas tan ri…   Ah?   Momento. La casa está sola, pero escucho ruido en la habitación de al lado. De un brinco quedo sentada. Si son ladrones, lo mejor que puedo hacer es esconderme, si… debajo de la cama… no, no quepo…  !TOC TOC TOC¡  !Mierda¡  Golpean mi puerta… empiezo a sudar frío, todo mi cuerpo tiembla y me quedo inmóvil, sentada, al borde de la cama, como si una pinche puerta me fuera a proteger de los ladrones asesinos que deben estar esperando a que yo abra. ¡Joder! Veo sombras por la ventana de mi habitación. Ya no lo soporto, tengo que pararme a mirar. Maldita sea, cómo no me di cuenta, cómo no revisé la casa con una linterna o algo, debo estar loca, ¡tostada! Me pongo la levantadora.  Tomo el primer tacón puntilla que encuentro bajo la cama, tanteando con el brazo extendido y con la vista fija en la ventana, y me digo a mí misma: “¡Con esto le saco los ojos al hijueputa que esté ahí afuera!”
Salgo de la habitación, sin hacer ruido, con los pies descalzos, y tan pronto como toco el piso afuera de mi habitación, siento que camino sobre un charco espeso. Me asqueo, a punto de vomitar me derribo en la pared, tomo aire y regreso al objetivo. Miro con desespero para todos lados pero lo único que logro ver es oscuridad, tinieblas a mi alrededor. Siento pasos detrás de mí, en el pasillo. Mi ritmo cardíaco está acelerado, siento hormigueo en las manos, y mi respiración es entrecortada. Intento contenerla,  pero no puedo. Siento respiraciones en mi nuca, parecen varias, volteo desesperadamente pero no logro ver nada, no logro distinguir figuras, doy vueltas en el patio, toco las paredes, siento este charco bajo mis pies todo el tiempo, y creo volverme loca dando gritos apagados, esos gritos mudos que expiran antes de brotar de la boca….   Todo me da vueltas, esto parece un sueño…

Corro hasta la puerta, tocando las paredes, intentando no caerme. La pared está pegajosa, y hay un aroma a podredumbre en el ambiente. En medio de este estado, sé que debo buscar ayuda. Pero ya es muy tarde, me siento desvanecer…
Es Sábado, son las 6:30 am. Abro los ojos. Estoy tirada en el suelo. Me cuesta trabajo entenderlo, me he caído y el golpe en mi cabeza me ha dejado una costra de sangre seca, que duele mucho. La luz es tenue, apenas amanece. Miro a mi alrededor, estoy en la sala, justo frente a la puerta de la entrada. Lo primero que puedo ver con claridad es el chismoso que cuelga del techo, el que hace mucho ruido cuando se abre la puerta. Está intacto, parece una escultura colgante.  Me levanto, con mucho mareo. Cuando doy vuelta atrás, la realidad se transforma. Las paredes, el piso, todo está cubierto de litros de sangre. Me sobresalto y voy en reversa, inconsciente de lo que pudo haber pasado allí. Tanta sangre no viene de mi cuerpo, estoy bien, tan solo un golpe en la cabeza. Y, ¿los ladrones? ¿qué ocurrió? 
El rastro de sangre es denso, y se dirige por todo el pasillo hasta la habitación contigua a la mía en el patio. Debo descubrir qué hay allí. Mis manos están sucias de carmesí, como si con ellas…  ¡no!  Esto debe ser una mala broma de los escuincles.  Me dirijo al cuarto del fondo, con mucho temor, temblando, con los pies descalzos tratando de no untarme más. El asco me hace vomitar.
La puerta está abierta. Es la alcoba de Cecilia, la dueña de la casa. Ellos estaban de viaje. La realidad de lo que mis ojos, atónitos, ven, es escalofriante. Un cuarto lleno de sangre hasta en el techo. Dos niños de 10 años diseminados, por partes, en toda la habitación. Cecilia, decapitada, su cuerpo sobre la cama King size, y su cabeza sobre el armario, con los ojos azules abiertos. Mis manos ensangrentadas cubren mis ojos llenos del mar. Lo único cierto es que, ellos no se fueron de vacaciones, y yo, tal vez había compartido demasiado tiempo con aquella familia. La casa, finalmente, no era tan grande como yo creía.

Natalia Duque.

lunes, 10 de octubre de 2011

BAD DREAMS


Corro por un bosque oscuro. Alguien me persigue... para matarme, por supuesto!
Debo salvar mi vida, aunque no sé ni quién soy, ni por qué me persiguen, y en últimas, no sé por qué corro... ésto debería ser el último "mejor" destino. Y, finalmente, veo al fondo un abismo...
¡Qué patético!  Estoy corriendo por un bosque oscuro, huyendo de alguien que me quiere matar, pero estoy corriendo HACIA un ABISMO!
Disminuyo el ritmo de mi apresurada trayectoria. Creo que perdí al asesino. No era implacable... ¡Maldito!
Llegué al borde... no veo el fondo, tan sólo una oscura masa arremolinada en todo el centro. Escucho gritos desde el fondo. Cualquiera en mi lugar pensaría que es la puerta del infierno, o al menos algo muy parecido, pero no veo el fuego, ni los fantasmas, y hasta ahora nadie me ha empujado. 
Pero, ¿por qué estoy aquí?, ¿quién corría tras de mí?  Comienzo a creer que esto es sólo uno de esos sueños en donde despiertas justo en el preciso instante en que vas a morir lenta y dolorosamente.

Mi pulso se acelera, siento un pálpito en las sienes, y ésto es muy real, no parece uno de esos sueños, en realidad no.
Siento que el bosque me rodea, y que se hace más estrecho, pegado a mi espalda con el correr de cada segundo, es como si el abismo fuera un gran hoyo negro que intenta consumirme, devorarme para sí. El sudor frío baja desde mi nuca por toda mi espalda, y mis manos tiemblan. 
Los gritos del fondo me llaman... no piden auxilio, no tienen miedo, gritan mi nombre. Un impulso sobrenatural quiere seguir, caer, dejarme ir hasta el averno que debe haber allí abajo. Es como una de esas fatalidades que deben ocurrir, y trato de evitarlo con todas mis fuerzas, pero es aún más poderoso que cualquier instinto. Es más grande que yo misma.

Caigo de rodillas en el borde, tengo la mirada fija en la penumbra, y de mis ojos brotan lágrimas. Siento un gran peso en todo mi cuerpo, como si cargara con todas las culpas de todos mis años pasados, culpas que desconozco, años que no recuerdo. Mi piel alberga a un ser inhóspito, infrahumano, que aún pese a su naturaleza, llora, sufre y sangra. 

Mis manos frente a mis ojos... están cubiertas de sangre. Me levantó asustada y doy vuelta atrás. Seco mis lágrimas, me acerco lentamente. Allí tirado en el suelo hay un cuerpo... tiene mi ropa, mi pelo, y la mirada negra, honda, fija en el abismo de mis propios ojos muertos!
Ahora voy en reversa, sin entender qué sucede, y cuando recuerdo que tras de mí había un abismo, ya es demasiado tarde. Las voces han consumido mi voz apagada, mi instinto dormido.... ¡Mi fantasma!

Natalia Duque

HORAS



Lánguidos versos que silencian la estulticia de nuestros corazones...
Hondos pesares, yo los quiero socavar cual enigma intocable
cual astro ardiente, intocable
que garbea disoluto en oxidadas sinapsis.

Mis temblorosas horas,
rebosan viciados minutos
de exaltados y morbosos instantes vacíos.
Yo las quiero, porque son las vértebras
que forman mi espina, amorfa
atípica, llena de cardos... 

¡Sí, las quiero, sin temor!

Ocultas tras mi seno,
calladas insonoras risas,
que encubren como un delicado velo
ligeros rojos plañidos.
Yo las quiero, porque ellas son amantes
de lo que ocultan mis labios,
son lo que gritan insurrectos mis ojos
tras mis tensos, inútiles párpados. 

Natalia Duque.

domingo, 21 de agosto de 2011

DEAD GARDENS


Aching wounds will last no more,
Only scars covered by salty cries.
The heart is growing now among thorns
that cover this never ending path.

That smell of dead flowers gave us joy.
Dead garden's spirit made us numb.

I'm leaving in faded mourning colors,
and catch smiles gone far away.
Dead gardens were there to stay,
now I blossom tears through all my veins.

Natalia Duque D.

viernes, 22 de julio de 2011

NARCÓTICO DELIRIO

Te posas en la cúspide
de todas mis quimeras
¡Tú, narcótico delirio!
magreando el estupor
de lívidos desvelos,
lloran pardos, desteñidos ojos
desde mi balcón;

Quimérica visión,
secas raíces, heladas primaveras,
acre néctar de fúlgidas pasiones,
reminiscencias, tras mis cansados párpados.

Paso voy, tras paso
al abismo eterno, ígneo
de su abrazo;
entre ébano y adormideras
reposar desnudas
nuestras álgidas figuras...
y en marmóreas losas
¡Sepultar la más viva gloria!


Natalia Duque D.

PRELUDIO

I

Lo veo venir,
preludio de excéntricas pulsiones.
Se aproxima con paso fijo
y clava sus pupilas
brillantes, hondas, en mí.

II

Fluye,
eléctrico torrente,
suave y caprichoso
despoja mi cuerpo de velos,
de máscaras,
para revelar mis secretos
a la tenue luz que oscila.
Su silueta desnuda se estremece,
se mece hasta encontrasrme
con vaporoso sigilo,
y baila.

III

Su mano trémula
a mi calor asida,
mirar vago, suspendido,
pausado ritmo genésico,
y nuestras formas
palpitando al unísono
se transforman en torsos, en efigies
violentamente espasmódicas
aferradas en súbita exclamación.

IV

Contornos tibios, húmedos, finos
rebosadas de claro néctar
que llena las cumbres de nuestras figuras.
Febril resistencia;
sus esquinas más ocultas,
grutas, montes, valles
se abrasan, y expiran.


Natalia Duque. D.